Que mis padres me visiten Europa es algo totalmente inusual, no están acostumbrados a semejantes viajes. Es casi una falla de la matrix.
Esta nueva visita llega casi ocho años más tarde, tomó mucho tiempo de gestación y coordinación, para últimamente hacerlo coincidir con el setenta aniversario del nacimiento de madre y darle un marco aun más especial.
Si el desafío de un viaje interoceánico no es trivial para nosotros, que estamos algo más acostumbrados a aviones y aeropuertos, representa un gran esfuerzo, tanto económico como físico con mayor impacto en los adultos mayores como me gusta decirle. El viaje es largo, con los años, pareciera hacerse aún más largo. Los aviones incómodos, con los años, parecieran hacerse aún más incómodos.
Se nos ocurrió irnos tan lejos que ahora incluye escalas y barreras idiomáticas, conjuntamente con las burocracias que cambian cada tanto y hacen el proceso más pesado en ocasiones.
El derrotero
Organizar la visita de mi madre y el recorrido durante su estadía fue un proyecto que demandó varias semanas y unas cuantas noches sin dormir en la indecisión.
A contrapunto de su visita anterior que llegó a Barcelona, una ciudad amigable para el argentino, es "casi una provincia" más, me atrevo a decir que un barrio porteño. En Berlín si bien la influencia latina está latente, es otra liga, todo es diferente.
Buscando minimizar el riesgo idiomático, me enfoqué en una conexión a través de tierra conocida, y conseguimos un vuelo de precios "razonables" por Iberia, la compañía aérea española por excelencia con conexión en Madrid, y terminó siendo una verdadera trampa: si bien el idioma no fué barrera, lo fue la inoperancia de la aerolínea a la hora de coordinar sus conexiones con tiempos irreales de espera en temporada alta, que llevaron a la pobre de mi madre, tras 13 horas de vuelo, mal dormida y con jet lag, pero incluso con asistencia, a perder su conexión.
La pobre mujer llegó 5 horas más tarde de lo previsto a Berlín y allí tuvo aún la lucidez para romper barreras idiomáticas a fuerza de ingenio y del idioma universal de señas, para recuperar su maleta del depósito, que, a contrario de ella, si que había logrado viajado en el vuelo que le correspondía.
Tras todo el derrotero a las casi 12 de la noche apareció ella, toda cansada 23 horas después de haber salido de Argentina. La subimos a un taxi y la trajimos a descansar.
El plan sin parámetros
Pese a haber preguntado una y otra vez, por mensajes, por video llamada y hasta por carta; si, una carta de puño y letra que tardó 15 días en llegar desde Köpenick a Villa Lugano, ella no daba señales de preferencia sobre destinos. Prácticamente se desligó con la excusa de no molestar y no poner presión, no dijo ni si, ni no, ni blanco ni negro, ni tampoco expresó su deseo de que no me preocupe, simplemente me terminó cayendo toda la presión por defecto.
En el mundo trastornado en el que vivimos post pandemia, forzó a tener que descartar una ansiada y anhelada visita a Ucrania.
Qué increíble que al momento de mudarme a Alemania en mi cabeza tenia la idea de una inminente visita a Ucrania, y primero la pandemia y luego el delirio imperialista de los dirigentes rusos, termina por posponer de manera indefinida ese ansiado retorno. La posibilidad a decir verdad, está, pero prima la razón y perdí las esperanzas al ver que el conflicto se encarniza y eterniza para mal de todos.
Aún así no me resignaba a dejar pasar la oportunidad de realizar una visita familiar y lo intenté! Lo intenté hasta el último momento!
En el tintero se barajó Portugal, España, Turquía, Francia, Italia, Estonia, Polonia, los nórdicos. Al no tener parámetros, todo estaba en el tablero. Mas hubo en un punto que reducir las opciones a algo realista, y resultó quedando aún así, un ambicioso itinerario.
El itinerario
Entre tantas alternativas posibles y la falta de certeza para cuadrar visitas familiares en territorios del Este, tuve que tomar algunas decisiones drásticas que muchas conllevaron sus respectivas crisis internas e insomnio.
Escribo esto, y yo mismo, con el paso de los días y con la visita ya consumada me doy cuenta que parece demasiado exagerado mi manera de describir cómo viví la planificación. Pero pónganse en mi lugar: su madre, en sus setenta, se cruza el océano por segunda vez en su vida y viene a algo tan alejado de su día a día como Alemania, es algo que se demoró 8 años en suceder y uno quiere mostrarle absolutamente todo, pero a su vez, sabe que no puede y no tiene indicación alguna de parámetros o preferencias. Cómo priorizar?
Finalmente el viaje quedó entonces compuesto por una serie de bloques conceptuales:
Berlin
Sin duda alguna que quería llevarla a recorrer la ciudad y que conozca donde y cómo vivo. La ciudad ofrece un universo de posibilidades para visitar y recorrer, e iba a ser nuestra base de operaciones, por lo que opté por ir mechando entre viajes y antes de la partida para recorrer diferentes locaciones históricas y disfrutar de la ciudad.
Alemania
Quería que conozca algo del país donde vivo. Es un amplio destino y también complejo de definir, porque: qué muestra uno de Alemania estando en Berlín?
Pero nuestra historia familiar tiene algunos vínculos con el país, y atando cabos durante años, investigando un poco, también pude visualizar con tiempo qué parte visitar para cerrar otro círculo.
Lazos familiares
Buscaba acercarnos a nuestras raíces familiares y fue la etapa que logré imaginar y visualizar con más antelación, pero costó encontrar la mejor manera de combinar el recorrido con mantener cierta flexibilidad tratando de no cerrar las puertas a la posible visita familiar, pese a la imposibilidad de concretar un viaje a Ucrania.
Un poco de historia
Claramente, todos los destinos tienen una historia detrás, pero en este caso buscaba ese ese tip, esa idea, ese lugar que infructuosamente intenté por meses que mi madre me sugiriera, ese que ella quería visitar, ese que le llamara la atención desde chica.... Ese que nunca llegó y el que más noches de sueño e incertidumbre me generó, tanto que tuve que deslindar en Maga para que me ayude a planificar un poco el recorrido. Priorizamos un sitio que nos toque de algún modo, como argentinos, pero que también pueda uno a la distancia sacar a relucir con orgullo de haberlo visitado en una charla de café.

Para hacer todo, necesitaba algo no menos importante. Innegablemente hace falta dinero, pero también tiempo libre. Como dije al comienzo, esto no es algo que sucede a menudo y uno nunca sabe cuándo tendrá otra oportunidad, por lo que sin dudarlo mucho, opté por invertir todos los días que me quedaran de vacaciones para compartir con mi madre en su visita.
Poca idea tenía ella de cuantos días implicaría, de que todo el plan se terminó de sellar apenas una semana antes, o de cuántas alternativas tuvimos en la mesa ante la falta de sus indicaciones o preferencias, o lo difícil que fue priorizar y dejar lugares fuera del recorrido a sabiendas que todos valían la pena!
Tras apenas unos días en casa para aclimatarse y acostumbrarse al horario de su estadía, emprendimos recorrido mientras que ella no tenía ni idea de donde íbamos, se dejo llevar, a sabiendas que, todo estaría resuelto. Quién pudiera!
Este fragmento es apenas una entrada en calor. Es la puerta de entrada a los siguientes relatos algo más pormenorizados de cómo saqué de paseo a la madre que me parió, por segunda vez, por Europa.
Estén atentos a las próximas entregas de la saga, allí se irán develando las diferentes escalas del itinerario.


















