La Patagonia es hermosa pero también implacable. Un mal cálculo, o más bien un cálculo demasiado optimista en la planificación del día llevó a descender más tarde de lo previsto. Los vaivenes del camino de tierra se sentirán más, el polvo molestará aún más a la respiración, el agotamiento dispara discusiones y como si fuera poco, aún quedan los casi 100 kilómetros por recorrer, buscar provisiones y los imprevistos a impensados para llegar al nuevo sitio de descanso, todo esto se puede hacer eterno.
Se me hace imposible pensar Patagonia sin que venga a la cabeza Bariloche. Es tal vez la ciudad más icónica del sur argentino. Sin siquiera haberla visitado, creo que sus postales están presentes en el imaginario argentino casi desde el nacimiento.
Los adolescentes sueñan con visitarla en su viaje de fin de curso del secundario, aunque poco recuerdo les quede más que borracheras y alguna noche de aventura, los más adultos se animan a lunas de miel y admiran sus imponentes lagos y montañas y las miles de opciones que ofrece. Y de adultos mayores, se pasa a disfrutar de las facilidades, las comodidades turísticas y también las trampas que ofrece en tan agraciado paisaje.
La entrega anterior la encuentran en Laguna Ilon
Capital de la Patagonia
Como sea que la imaginemos y en qué etapa de la vida, Bariloche ha sido pensada, ha sido planificada con el fin de pisar fuerte allá lejos de la urbe porteña, donde el paisaje inmenso se pierde y la nación necesitaba hacer pié y sentar un pié al lado de la Cordillera.
Desde la búsqueda de la consolidación territorial posterior a la tristemente célebre Conquista del Desierto, el gobierno central se enfocó en proyectar presencia en los territorios conquistados, para decirle al vecino que aquí está Argentina también.
Curiosamente, los primeros pobladores estables por fuera de las tribus locales, fueron extranjeros. Un bohemio del Imperio Austrohúngaro de aquel entonces (hoy República Checa) se instaló con su familia y pronto un empresario chileno armó su despensa y la paradoja de la historia es que el tipo llevaba Carlos de nombre, y es por él la ciudad es bautizada "San Carlos de Bariloche".
La ciudad creció a fuerza de estímulos decretados desde el gobierno central. A comienzos del siglo XX pronto se estiraron las líneas telegráficas cuyos postes y cables aún decoran colgando las rutas del lugar. Se abrieron caminos hacia capitales vecinas y se instaló el correo. Unas décadas más tarde, con la llegada del ferrocarril, hacedor de patria, se redujo finalmente la dependencia comercial del país trasandino.
Hoy es la ciudad más poblada de la Patagonia sin siquiera ser capital provincial. Es un enclave de más de 100.000 habitantes dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi creado en la década del treinta, bajo la dirección de Exequiel Bustillo se le dió a la ciudad la impronta arquitectónica que la característica, y la terminó de consolidar como centro de referencia en la Patagonia, un modelo de ciudad dentro de un parque nacional.































